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18 de enero de 2011

Entre la ficción y la realidad (2a parte)

Recupero el sentido, la explosión hizo que perdiera el sentido de orientación pero tal parece que estoy tendido en el suelo, abro los ojos y veo una nube de polvo, no escucho nada... hasta que... un zumbido que se torna rugido estalla en mis oídos, mis oídos estaban recuperándose del estallido sónico. Volteo a ver a la chava y por fín puedo verla a detalle, es de tez trigueña, pelo negro mediano peinado como chongo y dos mechas que le enmarcaban su bonita pero desconcertada cara.

-¿estas bien? le pregunto
-erm... ehm... sí- vacila en preguntar, tal vez sigue aturdida por la explosión -pero el está mal herido-lo dijo apuntando hacia el soldado caído. Giro a verlo y sí, sus extremidades derechas presentaban heridas y quemaduras en diferentes partes, su uniforme parcialmente desgarrado y manchado de sangre. Fui por él, todavía se encontraba vivo pero inconsciente y muy herido.

Le quité su chaleco y su casco y empecé a romper lo que quedaba de su uniforme en tiras de tela, había que hacerle torniquetes con algo o perdería mucha sangre y eso era lo mas viable. Fue suficiente para contener las heridas mayores pero no todas.

Esto no podía estar pasando, sus 3 compañeros estaban siendo sobrepasados en capacidad de fuego, no podían moverse de su lugar de cobertura, éste soldado se desangraba, la ayuda no aparecía y no podía hacer nada... hasta que vi la G3.

Inmediatamente corrí por el arma tirada, la recargué y antes de salir a la calle principal tomé una bocanada de aire y salí decidido a terminar con esto. Mis botas militares crujían al pisar sobre la arena desértica, las cortinas rotas de las casas se asomaban conforme el viento las mecía, eso y mi equipo básico de combate era lo que hacía ruido en esa desolada calle, tal parecía que estaba en un mapa de medio oriente, posiblemente era del equipo de los US Marines y yo era el último y tenía que encontrar y liquidar al último insurgente, tarea muy difícil sabiendo que el que queda es uno de los mejores del cyber. Trato de caminar y no correr, es mejor por que así- justo en ese momento mi enemigo sale por un callejón y da vuelta quedando de espaldas a mí, tal parece que nunca me vió, me agacho y disparo varias veces, dando 2 en el blanco, suficiente para matarlos y ganar la partida. Solo se puede escuchar en las mesas de atrás "AAAH PINCHE SERIOUS!!" jaja, una reacción común cuando estas ju-

Mis recuerdos terminan abruptamente al recordar que esto no es un juego, es real y puedo morir con facilidad, pero que chingados, los militares arriesgan sus vidas por nosotros día tras día, me hizo recordar a los comerciales de la cruz roja mexicana de hace años, que dicen "y a la cruz roja, quien le ayuda?". Se metieron con mi país, se metieron con mi ciudad, se metieron con mis amigos y peor aún para ellos, se metieron conmigo, ya es hora de que alguien les enseñe que el pueblo no los quiere y hará lo posible para sacarlos de aqui, es hora de actuar.

Recogí la G3 y la traigo a donde dejé el equipo del soldado herido, me coloco el chaleco antibalas, que afortunadamente se ve en buen estado, no se vio muy afectado por la granada salvo por el fuego. me coloco el casco y de lo que quedó de las bolsas que portaba saco 3 cartuchos hábiles calibre 7.62mm. -Bien videojuegos, aquí es donde entran en acción- sentía como la adrenalina aceleraba mi ritmo cardíaco, sentía el redoble de tambores en mi corazón. Jale el martillo, saqué el cartucho y estaba lleno, -las guitarras chillaban en mis oídos- lo regresé, golpeé el arma y el martillo regresó a su posición de disparo.
-Let's rock.

-Cuídalo- Le dije a la chica, depues salí y dí vuelta a mi izquierda, siempre apoyando la culata del rifle a mi hombro.

Dead Bull with the life from the low, I'll be massive conquistador

La balacera continuaba, los sujetos armados no me habían notado, estaban muy ocupados manteniendo bajo fuego a los soldados, todo era perfecto, yo era el elemento sorpresa.

Give me soul and show me the door, Metal Heavy, soft at the core, gimme Toro, gimme some more!

No había levantado sospecha hasta que un nuevo individuo sale corriendo de un local, se dirigía hacia las camionetas dándome la espalda, tenía una AK-47 así que tenía ser enemigo. Se encontraba frente a mí y tenía tiro libre y no lo pensé dos veces: con la inercia de la velocidad me dejé caer, me apoye en una rodilla extendí los codos a posición horizontal, apunté alineando la retícula y el objetivo e hice 3 disparos.

Pressurize, Neutralize
Deep Fried, Gimme some more!

Delante de una nube roja el cuerpo cae abatido por las heridas provocadas por las balas de grueso calibre. Se oye un grito de angustia
-"TORO! se chingaron al Toro!"

-Madres, ahí quedó el factor sorpresa.
-Chíngenselo!; justo en ese momento el tocadiscos hizo un brinco y la música paró. Pero alcancé a anticipar esa orden y corrí directo a una jardinera que se encontraba en medio del paseo Morelos, con suficiente altura para cubrirme mientras me sentaba. Tal parecía que los soldados recibieron menos fuego hacia ellos por que volvieron a repeler el fuego. Bien ya que estoy cubierto, solo queda planear el paso 2: ¿como salgo de aquí?

31 de octubre de 2010

Entre la ficción y la realidad (1a parte)

Ese día, parecía un Sábado cualquiera, no fui a trabajar ni a clases, el Sol estaba en lo alto del cielo y las nubes se ausentaron para dejarlo brillar, hacía un calor de 30° pero no así insoportable... cuando menos para mí. Ese día lo quise disfrutar solo, paseando y caminando en el centro de Monterrey, iría a la plaza de la Tecnología en la Avenida Morelos -que es mas paseo comercial que avenida- y de ahí a caminar hasta fundidora, cuando menos ése era el plan. Era temprano, quería caminar (y mucho), así que nada me impediría hacerlo.

Yo llegué por la entrada que da a la Macroplaza, se notaba que a pesar del clima de inseguridad la plaza Morelos estaba muy concurrida, eso me era de mucho agrado, ya que les mostraba a quien quiera que fuera, que no nos deprimimos y seguimos viviendo nuestras vidas cotidianas. Al pasar por debajo de los arcos noté a un Oficial de la policía regia que vestía su uniforme, chaleco antibalas y gorro reglamentarios y en su mano derecha sostenía un aparatito que miraba con frecuencia como si estuviera comprobando algo, además se notaba pálido, nervioso, ansioso, como si estuviera esperando algo, o como cuando estás haciendo vigía para que tus amigos puedan hacer algo.

Sí, se sintió feo, pero decidí pasarlo por alto, no quería estar cerca para averiguar de que se trataba. Continué mi camino por unos 200 metros mas, sorteando y evitando asustar a las palomas, esquivando a la gente y viboreando, hasta que de repente la gente empezó a correr, se escucharon detonaciones, el ambiente cambió de una tranquilidad cotidiana a un clima de caos y desorden. Yo solo me hinqué, no quería correr hacia el lado equivocado, estaba asustado, tenso, pero tranquilo, a la expectativa, buscando el origen de las detonaciones para poder alejarme de ellas y no lo contrario.

Mientras los dueños de los negocios bajaban las cortinas a como podían o simplemente se escondían dentro de sus negocios, una chava tropieza conmigo, el impacto no fue fuerte, ya que solo provocó que me hiciera un poco para atrás, pero ella dió un cuarto de vuelta en el aire para caer de lado sobre el hombro derecho, pero sin recibir mucho daño. Me le acerco para preguntarle si se encuentra bien, a lo que responde que sí. Ya solo se esuchaba a poca gente correr o gritar, eso me decía que la plaza se había vaciado en cuestión de segundos. Es en ese momento que algo me hace reaccionar y sudar frío, una mano se recarga en mi hombro. Levanté mi mirada con los ojos muy abiertos y llenos de miedo, pero al ver a donde me llevaba la mano, ví que tenía un guante de cuero puesto y mangas largas con camuflaje de bosque, continué mirando hacia arriba para ver quien era, pero para mi fortuna se trataba de un soldado, que portaba su uniforme completo, su casco, su chaleco antibalas verde solido y en su brazo izquierdo sostenía su rifle de asalto G3.

-¡¿Están bien?! tienen que irse de aquí!

me dijo el soldado. Esa voz directa, serena y pausada, pero a la vez con una extrema seriedad me hizo reaccionar.
-S-sí, ya vamos

Respondí y ayudé a levantarse a la mujer que se tropezó conmigo. Nos dirigimos rápidamente al callejón mas cercano para resguardarnos, fue en ese momento cuando se desató el infierno. Ráfagas continuas eran detonadas, las balas volaban y rebotaban con cada impacto fallido produciendo un chirrido característico. Me dí cuente de que las balas se dirigían en nuestra dirección de la plaza, ya que podía escuchar las balas pasar y rebotar cerca de donde corríamos, aunque muchas otras impactaban en un lugar separado, seguramente le disparaban a otros soldados que estaban en la zona.

Antes de entrar al callejón miré hacia mi derecha y pude ver 2 camionetas en plena plaza, y cuando menos 8 individuos ahi parados al rededor de las mismas preparándose para defender su posición y alejar a los militares. Por fin nos resguardamos y empuñando su G3 colocando su mano izquierda sobre el barril y la culata debajo del hombro entre el brazo y el pecho, el soldado empezó a repeler el fuego disparando desde detrás de la esquina de concreto que usaba como protección. Podía ver todo en cámara lenta, la explosión generada por el martillo al impactar en el cartucho de la bala, se alargaba opacando el sonido metálico pero hueco que los casquillos hacían al caer, podía ver como después de cada disparo el rifle empujaba su hombro derecho hacia atrás mientras un casquillo volaba hacia su derecha cada vez que disparaba. La expresión en su cara era impresionante, los ojos abiertos, las pupilas contraídas, una tranquilidad extrema mientras accionaba su rifle de asalto.Al mismo tiempo 3 soldados avanzan en el lado derecho de la avenida hacia el callejón opuesto al nuestro. Uno se queda en la entrada de una tienda que está antes del callejón y los otros dos entraron al callejón, uno disparando desde la esquina y otro cubriendo la retaguardia.

El soldado se retrae dentro del callejón mientras sus compañeros disparan, da una bocanada de aire y empieza a recargar su arma. Oprime el botón de eyección con su mano izquierda, lo que hace caer al cartucho vacío al suelo, después de esto ya está acercando el cartucho nuevo que sacó de sus bolsas. Lo coloca en su receptáculo alimentador, lo golpea y empuja el martillo para dejar el rifle cargado y listo para volver al combate. Los tres soldados recargan sus armas cuando el que nos salvó regresa a su posición para seguir en el combate.

No obstante unos pasos antes de que se asomara por la columna, se oye que algo pesado golpeó el piso, se escuchó como una bola metálica, rellena pero no completamente por metal, algo similar a... una granada! El soldado parece no haberla visto hasta que sus compañeros le gritan, el se apresura a retraerse pero es demasiado tarde, la granada estalla antes de que pudiera cubrirse con la columna. El estallido sacude nuestro alrededor, provoca un vacío en nuestros oídos que nos deja sordos y nos hace caer al suelo por la perdida de balance.